lunes, 17 de diciembre de 2012

Cuento corto sobre la idiotez

Esta es una historia de amor como las demás. Chocolates, películas, rosas, palabras bonitas, apodos cursis... dos idiotas. Ella y yo somos dos personas entregadas a la estupidez del amor; compartimos tiempo juntos, yo la acompaño a sus citas medicas, la recojo para ir a clases, la abrazo, le hablo, la molesto, la escucho, me escucha, la amo.

Pero a quién engaño, en esta historia solo hay un idiota, yo; la otra vive su vida feliz regalando sus labios a un imbécil, derrocha sus abrazos en un hombre que jamás la valorará como yo, desaprovecha momentos con él que pueden ser míos, genera recuerdos que no son conmigo, tiene sexo. Esa es la peor parte, imaginarme el roce de su cuerpo con otro que no es el mío, imaginarme cada poro de su piel erizado y no es por mi, imaginarme su vello púbico gritando dando cuenta del éxtasis orgásmico del acto en sí, y yo no soy el culpable de esos gemidos.

¿Tan fracasado soy? No puedo ser tan malo, podría incluso, ser el novio perfecto. Soy atento, comprensivo, trato de no exaltarme por pequeñeces, soy cariñoso, hasta tierno, alegre, gracioso, poco detallista pero altamente poético, soy un idiota. Así que esta no es una historia de amor como cualquiera  más bien es un cuento de desamor como cualquier otro. Hay frustración, desespero, regalos poco valorados (o no de la manera esperada), chocolates derretidos, rosas marchitas, y un idiota haciendo las veces de hipócrita porque a pesar de todo, la máscara de "estoy bien" me queda a la perfección.

Ella, si ella, es en sí la mujer perfecta. Es divertida, bonita, alegre, graciosa, testaruda, irreverente, terca, y otras cualidades que admiro con gran devoción. Está estudiando medicina y espera algún día especializarse en psiquiatría. Ella físicamente es atractiva, a pesar de su corta estatura, su cuerpo se proporciona de tal manera que la simetría adquiere otro significado. Su busto se complementa con sus piernas, sus caderas con sus glúteos, sus pies pequeños con sus tiernos dedos. Es como si alguien hubiera puesto todo lo que me gusta en una sola persona... o personita, no porque valga menos, sino porque vale demasiado; de ahí mi encanto por las pequeñas cosas de la vida.

Pero ella al final tiene un único defecto que no puedo tolerar, su novio. Aunque no lo conozco, su título de "me como a la persona que te gusta" ya es suficiente para odiarlo. Pero es imposible luchar, al parecer mi insuficiencia es el defecto que ella no puede tolerar.

Pasé mucho tiempo sin decirle lo que siento, como el idiota que soy, no fui capaz de confesárselo hasta que los celos descontrolados y la rabia acumulada hicieran su trabajo de estupi-diotez impulsiva aguda. Entonces me lancé... al vacío... sin paracaídas... a la nada... no había manera de volver y no iba a llegar a ningún lado. Ella sigue "encarretada" con su hombre alto y bien parecido, y yo viviendo una mentira que aunque es un engaño me hace la vida más fácil, aparentemente, pero vivimos en un mundo de apariencias.

Quiero dejar claro que no siempre soy tan negativo, pero si soy realista y las circunstancias no son precisamente positivas. Aunque he de aceptar que no todo es malo. Yo, siendo un poeta en mis tiempos libres, guardo un aro de esperanza de que algún día las cosas cambien, sea ella la que decida estar conmigo o sea yo quien decida enamorarse de alguien más.